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  • ¿Sabías qué?

Alimentos para reducir la huella de carbono

Paula Andrade

10 julio 2023

Todos sabemos que nuestras acciones cotidianas repercuten en el planeta, y que es posible luchar contra el calentamiento global a nuestra propia escala. Si ya es obvio que ir al trabajo en bicicleta (cuando se puede) en vez de en coche es más ecológico, ¿qué decir de lo que ponemos en nuestros platos? Sí, el contenido de nuestra nevera también influye en nuestras emisiones de gases de efecto invernadero: según la ADEME, la alimentación representa entre el 16% y el 24% de la huella de carbono de los hogares franceses.

¿Cómo calcular la huella de carbono de nuestros alimentos?

En el imaginario colectivo, la huella de carbono de los alimentos depende en gran medida de su transporte. Pero a menudo no es así. Aunque siempre es una buena idea favorecer los alimentos locales y los canales de distribución cortos -adhiriéndose a una AMAP, por ejemplo-, no es necesariamente la única manera de reducir su impacto.

Hay cuatro criterios principales que deben tenerse en cuenta a la hora de calcular la huella de carbono de un producto alimentario:

  • Método de producción: el uso de fertilizantes, pesticidas, agua y energía para cultivar plantas o criar animales suele representar la mayor proporción de las emisiones de gases de efecto invernadero de un producto alimentario.
  • Transporte: muchos de los productos de nuestros supermercados se importan del extranjero. Dependiendo de la distancia recorrida, pero sobre todo del modo de transporte elegido (avión, barco o camión frigorífico), las emisiones de carbono pueden duplicarse fácilmente para un mismo producto.
  • Almacenamiento: dependiendo de si el producto está seco, refrigerado o congelado, la cantidad de energía necesaria para almacenarlo no será la misma. En los supermercados, la refrigeración de alimentos frescos representa el 40% del consumo energético.
  • Envases: muchos productos se siguen envasando en plástico, lo que aumenta su huella de carbono, ya que se utiliza mucha energía y recursos para fabricarlos. Por desgracia, se recicla muy poco, si es que se puede reciclar.

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Fuente: Joseph Poore and Thomas Nemecek (2018)- https://ourworldindata.org/environmental-impacts-of-food

Nos gusta este gráfico (⬆️), porque muestra claramente los productos más contaminantes (por 1kg producido), y las principales razones de esta contaminación. Contrariamente a lo que podría pensarse, el transporte no es la mayor fuente de emisiones de gases de efecto invernadero: ¡es la producción y la transformación de un producto lo que suele pesar más en la balanza!

Teniendo en cuenta estos diferentes criterios, he aquí una clasificación de los alimentos más contaminantes a tener en cuenta a la hora de hacer la compra.

  • Carne de vacuno: además de los 60 kg de CO2 equivalente emitidos por 1 kg de carne, se necesitan 13.500 L de agua para producir 1 kg, y alimentar al ganado con soja es responsable de una parte importante de la deforestación mundial (fuente: Le Monde)
  • Carne de cordero: producir 1 kg de cordero equivale a emitir 25 kg de CO2.
  • Productos lácteos: a menudo no nos damos cuenta, pero los productos lácteos en general contaminan mucho, ya que proceden de la ganadería. Por ejemplo, 1 kg de queso emite una media de 21 kg de CO2 (¡mucho más que el pollo!).
  • Chocolate negro: el cacao necesita mucha agua para crecer (2.400 litros de agua para 100 g de chocolate) y la gran demanda obliga a los agricultores a requisar cada vez más tierras y a utilizar pesticidas.
  • Café: al igual que el chocolate, la demanda de café se ha disparado, y su cultivo intensivo está destruyendo el suelo.
  • Azúcar: su producción requiere una enorme cantidad de agua, y también hace uso de numerosos pesticidas. El cultivo intensivo de caña de azúcar también provoca una grave erosión del suelo.
  • Aceite de palma: deforestación, contaminación del suelo, emisiones de gases de efecto invernadero... ¡El aceite de palma lo tiene todo! Pero cuidado, está por todas partes: en cremas para untar, pasteles y bollería, pero también en ciertos geles de ducha, productos de maquillaje e incluso preparados para lactantes.

Nuestros alimentos favoritos bajos en carbono

Plantar nuestros alimentos es una forma poderosa y concreta de combatir el calentamiento global a nuestra propia escala. Es esencial para el planeta, pero también para nuestra salud: ¡los franceses comen el doble de proteínas animales de lo que recomienda la OMS!

Sin embargo, no todas las frutas y hortalizas son iguales en cuanto a emisiones de gases de efecto invernadero. Los aguacates, por ejemplo, requieren una cantidad astronómica de energía y agua para su cultivo.

He aquí una breve lista de los alimentos que hay que elegir para llevar una dieta más sostenible, pero deliciosa:

  1. Cereales: para sustituir el trigo, el arroz o el maíz, prueba el trigo sarraceno, el mijo o la quinoa, por ejemplo;
  2. Legumbres: lentejas, guisantes, judías negras, habas o brotes de soja requieren poca agua y abono, y son buenas fuentes de proteínas;
  3. Frutos secos, como avellanas, nueces, almendras y pistachos;
  4. Hortalizas de raíz: remolachas, zanahorias, apio, chirivías, rábanos, nabos, etc. ¡Las hortalizas de toda la vida tienen más de un truco bajo la manga y consumen muy poca agua!
  5. Patatas y otros tubérculos;
  6. Fruta local: manzanas, peras, fresas, uvas, plátanos, etc.

Para reducir nuestra huella, es muy eficaz reducir drásticamente el consumo de carne (sobre todo ternera y cordero) y lácteos, en favor de cereales, frutas y verduras. Y si son ecológicas, locales y de temporada, aún mejor 😉.

Nuestros consejos para ir aún más lejos

Adoptar una dieta vegetariana o reducir el consumo de carne roja ya es un gran paso para reducir tu huella de carbono. Para ir aún más lejos, puedes incorporar otras buenas prácticas a tu rutina diaria.

Cuando hagas la compra, opta por alimentos a granel: menos envases significan menos residuos y, en definitiva, menos desperdicio de alimentos porque sólo compras las cantidades que necesitas.

Hacer menús y listas de la compra también es una buena forma de reducir el desperdicio y disminuir la huella de carbono. Recuerde que el desperdicio de alimentos representa el 8% de las emisiones de gases de efecto invernadero en todo el mundo.

En cuanto a las frutas y verduras, es aconsejable comprarlas de temporada, ya que la producción en invernaderos con calefacción es un desastre ecológico, y ecológicas a ser posible. Por último, como norma general, opte por alimentos crudos en lugar de platos precocinados o alimentos muy procesados.

Evidentemente, a nivel individual, cada uno hace lo que puede, según sus medios y su estilo de vida: ¡no tiene sentido sentirse culpable si compras una masa de tarta industrial en lugar de hacerla tú mismo!

Existen otras palancas de acción fuera de nuestros platos: nuestros medios de transporte, nuestra vivienda, nuestras actividades de ocio, nuestros hábitos de consumo... Si quieres evaluar tu propia huella de carbono y encontrar formas de mejorar, te recomendamos el simulador de huella de carbono de ADEME, ¡que está muy bien hecho!

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